El culto a Dios como centro de nuestras actividades y razón de ser como Iglesia (Efesios 1:11-12), está lleno de diversidad de expresiones, ejercicios y manifestaciones espirituales, que como Iglesia de Jesucristo tienen un fundamento en su Evangelio con principios bíblicos y espirituales.
 

Alabanza y Adoración

La Alabanza y Adoración deben hacerse en Espíritu y Verdad, en un ambiente de libertad, siempre respetando los límites bíblicos, como la decencia y el orden (1a Corintios 14:40).
 
El culto a Dios debe estar lleno de expresiones del Espíritu, presentando nuestros cuerpos en sacrificio a Dios (Romanos 12:1) y estas expresiones deben ser limpias y puras (Proverbios 15:26) nunca prohibiéndose o tratando de manipularlas.
 
Algunas de las expresiones de Alabanza y Adoración que la Biblia nos enseña son:
 
  • Aplaudir (Salmo 47:1 y 98:4).
  • Levantar las manos (2a Crónicas 6:13-14; Salmos 28:2 y 63:4; 1a Timoteo 2:8).
  • Saltar (Job 21:11, 2a Samuel; Isaías 35:6; Hechos 3:8; Lucas 1:44).
  • Postrarse (Apocalipsis 4:10; 1a Corintios, Mateo 2:11).
  • Arrodillarse (Salmos 95:6; 2a Crónicas 29:29; Salmos 72:11).
  • Inclinarse (Éxodo 4:31 y 12:27; 2a Crónicas 20:18 y 29:30).
  • Danzar (2a Samuel 6:16; Salmo 150:4).
  • Gritos (1a Crónicas 15:28; Ésdras 3:12-13; Isaías 52:8-9).
  • Voces de júbilo (Salmo 47:1, 5:11 y 65:13).
  • Voz de alegría (1a Crónicas 16:16; Salmo 42:4).
  • Aclamación (Salmos 98:6, 92:2 y 89:5).
  • Llorar (Ésdras 3:12).
  • Regocijarse (Salmos 51:14 y 100:2; Lucas 10:21).
  • Prorrumpir (Isaías 49:13; Gálatas 4:27).
  • Exaltando (Salmos 51:14, 99:5-9; Isaías 33:5). 
  • Cantar (Éxodo 15:1; Salmo 47:6, 98:4; Efesios 5:19; Apocalipsis 15:3).
  • Reír (Job 8:21; Salmos 126:2).
 

Santa Cena

Sabemos bien que una de las más importantes prácticas de la vida cristiana es la Santa Cena, la cual es un memorial del sacrificio de Jesús, así como una proclamación de que esperamos su venida. 
 
La Santa Cena se proyecta hacia el pasado y hacia el futuro; de la misma manera Jesús la celebró, es decir: proyectándose hacia el pasado y el futuro, terminando con este acto Jesús termina con la era de la Ley y comienza la era de la Gracia. 
 
En la Santa Cena descrita en 1a de Corintios 11:27-29 el Apóstol Pablo aclara que para participar del pan y el vino es necesario:
 
1. Auto examinarse (vr.28), no olvidando que somos débiles y que participamos de ella por necesidad y no por dignidad, recordando que el pecado (simbolizado en la levadura) sigue acosándonos.
 
2. Discernir correctamente el cuerpo de Cristo (vr. 29), el cual está presente de manera mística en todos los que hemos abrazado la salvación de Jesús; es decir, la Iglesia (Efesios 1:22-23). 
 
En este sentido entendemos porque el pan fue partido; siendo muchos los miembros de la Iglesia, pertenecemos a un solo cuerpo y al considerar las debilidades unos de los otros.
 

El uso del velo

La Biblia nos enseña que la vida cristiana está regida y normada por parámetros de conducta establecidos por Dios mismo, tal como el principio bíblico elemental de la sujeción y respeto al orden de autoridad, el uso del velo es parte de esta conducta.
 
La doctrina del velo ha sido objeto de discusión y contienda desde la época de los primeros apóstoles, sin embargo, basados en la recomendación que nos hace el Apóstol Pablo en 1ª Corintios 11:16 creemos que la Biblia no es para contender sino para creerse, y esta doctrina es totalmente bíblica, apostólica.
 
«Pero si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni la tienen las iglesias de Dios.» 1ª Corintios 11:16
 
Además de ser actual y vigente para la iglesia de Jesucristo en nuestros tiempos.
 
«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.» Mateo 24:35
 
El uso del velo en las devociones privadas o públicas (oración o profecía) está directamente relacionado al principio de autoridad y sujeción. 
 
Esta conducta debe estar presente en la vida de todos los hijos de Dios (hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas), solo que en el caso de las mujeres con un testimonio físico o visible.
 
En 1ª Corintios 11 se explica el porqué del uso del velo en la iglesia de Cristo, veamos:
 
«1 Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo. 2 Os alabo porque en todo os acordáis de mí y guardáis las tradiciones con firmeza, tal como yo os las entregué. 3 Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios. 4 Todo hombre que cubre su cabeza mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza. 5 Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza; porque se hace una con la que está rapada. 6 Porque si la mujer no se cubre la cabeza, que también se corte el cabello; pero si es deshonroso para la mujer cortarse el cabello, o raparse, que se cubra. 7 Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre. 8 Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre; 9 pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. 10 Por tanto, la mujer debe tener un símbolo de autoridad sobre la cabeza, por causa de los ángeles.»
 
  • Comienza estableciendo el orden de autoridad (vr.3)
  • Toda mujer que ora o profetiza con la cabeza no cubierta afrenta su cabeza [Autoridad] (vr.5)
  • La mujer al ser la gloria del hombre debe estar cubierta. Esto representa su valor como mujer y por tanto debe ser protegida (vr.8)
  • El velo es un símbolo de autoridad sobre la mujer y esto a causa de los ángeles (vr.10)

 

Diezmos y Ofrendas

Los diezmos y ofrendas constituyen un acto de amor y gratitud a Dios, entendiendo que de Él provienen todas las cosas; buscando agradarle en todo y dando de Gracia lo que de Gracia hemos recibido.
 

- Diezmos:

«Traed los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa y probadme ahora en esto, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde» Malaquías 3:10
 
Un principio del diezmo es entender que a Dios le pertenecen todas las cosas (Salmos 24:1) y Él en su misericordia nos da de su mano todo lo que necesitamos (1a Crónicas 29:11-12); por lo que el diezmo no es desprendernos de lo nuestro, si no dárselo a su verdadero dueño, por lo que no existe pérdida.
 
Debe ser traído a la casa de Dios (Malaquías 3:10), no siendo un recurso que este bajo nuestra administración o sujeto a nuestros criterios. 
 
Es un principio espiritual y eterno, aún desde antes que la Ley fuera dada a través de Moisés vemos a Abraham diezmando, reconociendo autoridad espiritual en Melquisedec (Génesis 14.20). 
 
El diezmo no debe ser dado bajo coacción de ningún tipo.
 
Por último, el diezmar representa un acto de obediencia, que para aquel que ha entendido los puntos anteriores no significará ningún esfuerzo o sufrimiento.
 

- Ofrendas:

«… pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad…» 2a Corintios 8:2
 
Si leemos con atención 2a Corintios 8:1-15 encontramos algunos principios del ofrendar. 
 
Se nos muestra una congregación que a pesar de las circunstancias adversas, abundó en generosidad por la Gracia de Dios, no siendo limitada por las circunstancias.
 
El poder ofrendar para el sostenimiento de la obra de Dios y el apoyo a los siervos es un privilegio que será recompensado por el Señor mismo pues a Él ofrendamos.
 
«Hay quien reparte, y le es añadido más, y hay quien retiene lo que es justo, sólo para venir a menos. El alma generosa será prosperada, y el que riega será también regado.» Proverbios 11:24-25
 
Curiosamente hay dos viudas que nos son ejemplo de un buen corazón al ofrendar en medio de necesidad (1a Reyes 17 y Lucas 21:1-4).
 
A diferencia del diezmo no hay alguna cantidad o porcentaje definido como medida de la ofrenda, esta será determinada por nuestro amor y gratitud al Señor, aunque también la actitud del corazón es muy importante al ofrendar.
 
«Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.» 2a Corintios 9:7
 
Nadie tiene tan poco que no pueda ofrendar, pues en medio de dificultades un corazón agradecido siempre encontrará la manera de agradecer de una u otra forma. 
 
La ofrenda no es la respuesta ante un mandato, Cristo mismo dejo ejemplo de ofrenda pues Él de su propia voluntad y con base en su amor por nosotros se despojó de la Deidad que le corresponde y se dio por completo en el mayor acto de amor jamás expresado… la Cruz.
 

Ministración

La ministración tiene como objeto liberar el alma del cristiano, de modo que pueda recibir todas las bendiciones materiales, físicas y espirituales de parte de Dios para alcanzar la plenitud de vida en Cristo.
 
Hay muchas formas en las que podemos recibir ministración a nuestras almas, como por ejemplo:
 
Escuchando la palabra, recibiendo consejo, siendo exhortado, en la expresión de Alabanza, al postrarse en oración, con imposición de manos, etc. 
 
Un cuerpo y un alma contaminables exigen una incesante ministración para eliminar en el nombre de Jesús todas las causas que producen efectos negativos en el alma. 
 
La salud del cuerpo físico debe procurarse como un regalo anticipado del Reino venidero; en otros casos se ha de recurrir a los medios naturales o científicos para proveer salud al cuerpo.
 
Como norma y principio espiritual, es recomendable que los hombres ministren a los hombres y las mujeres ministren a las mujeres.
 

Imposición de manos

La imposición de manos es uno de los principios fundamentales de la doctrina de Jesucristo (Hebreos 6:2) y una herramienta vigente que debe ser realizada con plena conciencia bajo la guíanza del Espíritu Santo.
 
«No impongas las manos sobre nadie con ligereza, compartiendo así la responsabilidad por los pecados de otros; guárdate libre de pecado.» 1a Timoteo 5:22
 
Es un acto que llevan a cabo los miembros del cuerpo de Cristo, especialmente los Ministros (en lo individual) y por el Presbiterio (en conjunto) ya sea para ministrar al creyente (Hechos 9:179) o delegar funciones (Hechos 13:1-3).
 
Como todo lo que Dios nos dejó en su palabra, esta práctica es para edificación de su iglesia y debe ser administrada sabia y prudentemente para que cumpla con este propósito, regulada y delimitada por los principios bíblicos al respecto.
 

La importancia de la Palabra de Dios

Sin duda una de las partes más importantes dentro de la Iglesia y el culto, es el tiempo en que se imparte la Palabra de Dios. 
 
Es a través de ésta que seremos reconfortados, capacitados, preparados y transformados como lo expresa la propia Biblia:
 
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2a Timoteo 3:16-17
 
Así entonces, la predicación o exposición de la Palabra en el Culto, en palabras de nuestro Apóstol Gaspar Sapalú, debe ser: Alusiva, Agresiva y Confrontativa para que produzca en quienes escuchan, un efecto tan poderoso y real que los lleve a buscar cambiar su conducta.
 
De ahí el interés y atención que merece la Palabra de Dios durante el Culto, no es por causa del predicador en turno, sino por la Palabra misma que proviene de parte de Dios. 
 
Vale la pena mencionar que solo hay dos cosas a través de las cuales Dios se revela al hombre: la Creación y su Palabra.
 
 
 

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